[audio:http://www.malkevnia.com/wp-content/uploads/2012/12/Jay Gordon – Slept so long.mp3|titles=Jay Gordon – Slept so long]

Y los acontecimientos sucedían como probablemente todos los invitados a la fiesta habíamos imaginado, algo dentro de nosotros lo sabía, y probablemente, una versión oscura y pervertida de nuestra personalidad así lo deseaba, allí estábamos, unos cuantos amigos, gente de confianza, conocidos desde hacía años, tres parejas tomando unas copas frente a la chimenea en pleno invierno y dejando que todo fluya en la burbuja que se había convertido esa casa.

El anfitrión de la velada, Pablo, mi mejor amigo, sabía lo que hacía, era como si hiciera eso cada día, y quizás esa afirmación sea exagerada, pero estaba claro que no era la primera. Llevaba buscando esa situación durante meses, desgastando poco a poco los prejuicios, sembrando la semilla del morbo, regándola con deseo y cantándole bellas canciones que sonaban a lujurioso placer.

Las palabras fluían, muchos temas afloraban, pero por alguna extraña razón, o tal vez no tan extraña, siempre se volvía a lo mismo. Sexo, sexo, y es que ya nos conocíamos demasiado, y cualquier rencilla o pensamiento superfluo estaba ya más que gastado, solo oscuro y vergonzoso era nuevo.

Julia, la novia de Pablo, no paraba de mirarme. Hace poco habíamos tenido una conversación intima y quizás se hizo demasiado transparente, mi fantasía de acostarme con ella y con Ainoa, mi novia, ya no eran un secreto al parecer. No he sido capaz de borrar esa respuesta afirmativa desde entonces. Y joder, que buena que está.

Ainoa lo ha visto, parece que no le importa, de hecho entre ellas intercambian miradas. No soy estúpido, son muy buenas amigas, seguramente se lo habrán contado. Debo tener la jodida novia más cachonda de todo el puto planeta.

Pedro y Diana parecían estar algo incomodos y bebian en silencio aunque de forma constante, prboablemente con la esperanza de que ese sentimiento desapareciera. Pedro es colega de toda la vida, pero debo reconocer que muchas veces no se que demonios tiene en la cabeza. Diana siempre dice que tiene una polla enorme. Nunca se la he visto, puede que hoy sea ese día.

Al parecer se ha terminado el vino. Pablo no contaba con que esos dos beberían como esponjas por la presión del momento, pero no parece importarle. De hecho, emocionado, nos hace sentarnos alrededor de la mesa y nos dice que vamos a jugar a la botella. ¡A la botella! Como si fuéramos unos adolescentes. Estaba claro que la cosa iba a terminar mal, y todos habiamos aceptado de antemano, lo que tuviera que pasar esa noche, está claro que iba a pasar.

Soy el primero, me toca besar a Diana. Entre risas, y una mirada de complicidad a Aiona y a Pedro, como disculpandome y pidiendo permiso, la beso despacio pero intensamente, y termino juntando mi lengua con la suya en un incomodo aunque placentero beso. El disparo de salida había sonado.

Diana y Julia, Pedro y Ainoa, Pablo y yo, todos nos íbamos juntando con todos, y los retos aumentaban su graduación. Ahora unas caricias, ahora un pequeño agarrón porlo brazos, un mordisquito sensual o un nada disimulado magreo de pechos.

Cuando quise darme cuenta, estábamos todos jodidamente cachondos y con ganas de follarnos unos a otros, pero nadie daba el paso, y es entonces cuando Pablo saco su invento.

Era como una mampara de madera opaca, ancha y lacada. Parecía estar hecha a mano, le había puesto verdadero interés a la velada. Cuatro agujeros podian verse a la altura de la cintura, probablemente para meter los brazos o puede que otra cosa viniendo de su perversa mente. No podrá ver el otro lado ya que por la otra cara, los agujeros estaban tapados con tiras de tela.

Lo colocó en mitad de la sala y nos dió las intrucciones. No se si decir que era un genio o que su vicio no tenía limites. La idea era sencilla, por turnos, cuatro personas, de espaldas para no ver al resto de los elegidos, se vendaban los ojos y se colacaban en silencio donde los que si podían ver colocaban a placer, unos delante y otros detrás, y tenían que seguir las ordenes que se le dictaban.

Me tocó ser de los primeros. Me vendaron los ojos, me hicieron desnudar y me colocaron de pié, delante de ese “glory hole”. Una manó empezó a recorrerme el muslo, era delgada, pero no se movía como la de Ainoa, la conocía bien, solo podía ser de Julia o Diana. Joder, la tenía tan dura que era como su me fuera a estallar. Y entonces llegó y la agarró suavemente, acariciandola a lo largo, gimiendo un poco y finalmente, soltando un comentario. Era Julia, era su voz diciendome que tengo un pollón enorme. Esa frase me recorrió desde el inicio de la columna hasta el puto centro de mi cerebro, hinchando mi polla aún más y provocando que empezara a masturbarme. Parecía poco entranada, se notaba que estaba acostumbrada al de otra persona, pero su fogosidad era envidiable. Si no hubiera sido porque Pablo me dijo que parara, me hubiera corrido ahí mismo.

Y entonces hizo que me agachara, que metiera las manos en esos aguajeros, a ciegas, sin saber siquiera si Julia seguía detrás o sería otra persona. Al otro lado había una suave piel, familiar al tacto

Le toco las peras a Julia, cambio de parejas. Ainoa con Pedro y su super pollón aunque más delgado. Se la chupo con Ainoa. Me la chupa Julia con Diana y finalmente nos corremos los tres sobres las tetas de todas.

Y la noche es larga.