[audio:http://www.malkevnia.com/wp-content/uploads/2010/03/2e2b8d45f27c6f4e6ec27fcc50f259c5.mp3|titles=Pretty Fly (For A White Guy)]

Como todo adolescente que pretende hacerse pasar por adulto sabe, cuando se termina una relación, se debe pasar a la fase amigo de nuevo, porque al fin y al cabo, somos personas maduras, capaces de afrontar este tipo de situaciones, e incluso, muchas peores. Probablemente no haya cosa mas ingenua en este mundo que creer que eso pueda ser cierto, y si existe una mínima posibilidad de que eso suceda, debe ser desde una distancia de seguridad de no menos de cincuenta kilómetros, sin verse en persona bajo ninguna circunstancia, o sera total y absolutamente imposible seguir siendo “amigos”. Hablo desde la experiencia, la subjetiva y dolorosa experiencia.

La fecha exacta es… algún día de Marzo del dos mil diez. El lugar… mi cueva, bueno, la cueva en la que residía en esa época, una habitación cuadrada, super pequeña, donde solo había una mesa de escritorio negra, una silla, y cojines tirados en el suelo donde yo dormía, las paredes eran totalmente blancas, sin decoración, y podía pasarme perfectamente días enteros sin saber que hora era, pues no llegaba luz por ningún recoveco. Ya no recuerdo para que quedamos, porque lo hicimos o incluso como llego ella a casa, pero estaba allí, a mi lado, tan preciosa como cuando me despedí, un no había perdido peso y todavía tenia el mismo concepto respecto a mi persona. Hacia menos de un mes que había terminado todo, e intentábamos como mínimo, que el vinculo no se rompiera. Y entonces, para variar, arregle la situación…

Estábamos jugando al Rock Band, ella cantaba justo la canción que he puesto en la parte superior de la entrada, acentuando el Give it to me baby, uh huh, uh huh con su sensual voz y una miradita picarona. Yo intentaba no hacer caso, pero seguía totalmente enamorado, y algo dentro de mi estaba totalmente convencido de que ella todavía me quería y que volvería conmigo si jugaba bien mis cartas, si le demostraba que seguía siendo el mismo pero distinto, que había corregido mis errores. Cada vez que me miraba o me tocaba, mi interior se estrujaba cual toalla húmeda, chorreando dependencia por todos lados y tenia una acojonante necesidad de abrazarla, besarla y hacerle el amor salvajemente como hacia antes, pero tenia que demostrarle que ya no la necesitaba, que ella era libre y que yo era capaz de vivir perfectamente solo, para que así, comprendiera que había cambiado.

No puedo describir las acciones paso por paso, pues se han desvanecido ya de mi memoria, fruto de lo que fue aconteciendo después, o puede que incluso mi manía de eliminar malos recuerdos y quedarme con los buenos vaya haciéndose mas notable por momentos, pero recuerdo tres cosas con sumo detalle. La primera y mas importante, avisarle atentamente de que si en algún momento hacia algo que le disgustara, que me lo dijera y pararía. La segunda, plantarme frente a ella a tan solo un centímetro de sus labios, que ambos cerraramos los ojos y quedarme en esa posicion durante largo rato, notando su respiración y ella la mía, añadiendo que era irónico que tuviéramos que vernos en esa situación para que ella volviera a sentir mariposas en el estomago como al principio. Y la ultima y mas triste, poner una excusa barata para que fueramos a la cama y que ella me siga el rollo. Empezar a besarla por el cuello, restregar mi pierna izquierda entre sus pantalones mientras la abrazaba, emocionarme demasiado y cogerla con fuerza, estamparla contra la cama, pegar totalmente mi cuerpo contra el suyo y tocarle un pecho con todas mis ganas… por ultima vez. No recuerdo como termino la escena, las frases que soltó y el recorrido entre el pasillo y la puerta, pero se que ella se cabreo y se marcho, yo termine una noche mas tirado en el suelo y durmiendo sobre cojines, incapaz de dormir en la cama porque me recordaba demasiado a ella, y con la sensación de haber hecho el gilipollas mas grande de mi vida.

Se que nunca leerás esto, pero lamento mucho aquel día Helenita.