Febrero de dos mil nueve

Malkev

Otro día mas, y encima, domingo.

No he tocado la cama en toda la noche, he caído rendido sobre la mesa del ordenador.
Anoche, en un estúpido intento de parar el tiempo, o por lo menos intentar ralentizarlo un poco para poder así hacer el sábado unos minutos mas largo, me quede la ultima parte de la noche mirando el monitor sin hacer absolutamente nada, eso es lo ultimo que recuerdo.

Me despierta mi mujer, ya ha llegado de pasar la noche con sus amigos, creo que me desprecia por ello, no la culpo, pero odio estar rodeado de gente que no ve mas allá de sus narices y de la ropa que lleva puesta.
Dice que esta cansada, que ha hecho ciento setenta y seis fotografías a sus amigos y que se va a dormir, yo me levanto, me siento de nuevo en la silla del ordenador y deseo fuertemente que alguien me haga caso.

Han pasado varias horas y sigo aquí postrado. Intento imaginar como seria el conocerme a mi mismo desde los ojos de otra persona, acto seguido, muero un poco por dentro.

Ya ha pasado mucho rato, tengo muchos libros por leer, muchas cosas por hacer y muchos deseos que realizar, mi pequeño y demente cerebro sin embargo, piensa que todo eso puede esperar. De nuevo me pongo a pensar, esta vez sin embargo, me apetece crear un pequeño mundo perfecto para mi solo.

Me asomo al balcón, apoyo los brazos en la barandilla y miro hacia el infinito. La lluvia cae pesada sobre los edificios, el viento sopla fuertemente e impacta directamente contra mi cara, el cielo esta gris y es muy triste, es un paisaje ciertamente desalentador. No me importa, lo borrare y lo creare de nuevo.

Cierro los ojos un instante y los vuelvo a abrir, pero esta vez todo ha cambiado, el cielo no esta gris, sino despejado y con unas pocas nubes a la vista, no hay edificios a la vista, excepto el mio, todo a mi alrededor es bosque, y en un pequeño claro junto a una montaña se puede vislumbrar un pequeño lago.

Voy mas allá de toda razón, salto del balcón en caída libre, como hace la gente cuando se suicida, pero no caigo, sino que vuelo, unas grandes y blancas alas de águila han aparecido a mi espalda.
Adoro la sensación de volar, de sentirme libre en esta utopía creada por mi locura. Sin embargo le falta algo, creo que es la hora de empezar a dar un poco de color a este mundo.

Arboles verdes no, los prefiero purpuras, adoro ese color, me tranquiliza y me ilumina el alma, si al nacer pudieras escoger el color de tus ojos, esa seria mi elección. El cielo y el agua los teñiré de blanco, como si de un folio se tratara, donde Dios ha pintado con los dedos utilizando la flora.

Creo que mi cabeza se esta sobrecargando de tantas irrealidades.

Paso mis últimos momentos en este pequeño paraíso aterrizando en un castillo cerca del lago, el cual evidentemente hago aparecer por arte de magia.
Invoco la silueta de una mujer, tan solo una sombra sin color y sin forma, acaso no es eso la perfección?
La beso donde considero que estarían sus labios y me mente explota por mis ojos en forma de lagrimas…

Son las cuatro de la tarde, me encuentro en el balcón, empapado de arriba abajo, sin alas, sin mundo y con aun sensación de soledad un tanto amarga.

Vuelvo a mi silla, me siento de nuevo e intento parar el tiempo otra vez.

Solo se que la muerte me acecha y aun no he conseguido encontrar esa sombra…

Septiembre de dos mil nueve

Helena

Con un fuerte empujón, abro las persianas de par en par y saludo conmovida a la noche, próxima a terminarse…Las primeras claridades del día comienzan a aflorar en el horizonte y, de vez en cuando, un lejano gallo emite su llamada característica…

Me aproximo, lentamente pero sin vacilar, a la barandilla verde fustigada por el tiempo, con la red anti caídas perrunas erosionada por los temporales lluviosos y por mis manos distraídas en momentos tan diversos. Mis manos dormidas y extrañas se posan sobre ella, y la aprietan con todas sus fuerzas, vacilando, vacilando para no desaparecer en el tiempo y en el espacio. Un pie, luego el otro van haciéndome elevar mi posición, hasta que, sin saber muy bien como lo he conseguido sin miedo ni torpezas me encuentro de pie sobre la vieja balaustrada que me ha visto crecer, a merced de la gravedad. El viento parece devastador pero no me afecta, yo permanezco allí, inmóvil, con los brazos extendidos y observando cuán lejanos e insignificantes pueden parecer los elementos urbanos a cuatro pisos de altura, cuán estúpidas parecen las marcas viales, cuán insulsos los vehículos comprados con sudor y esmero, las verjas negras de los balcones a mi frente, al parecer inmóviles e inertes pero observándome, expectantes ante mi siguiente movimiento. Ella, después de todo, la misma de siempre, de todas las noches y todos los amaneceres, es quién me sonríe y asiente con la cabeza alegando que es el momento, le devuelvo la sonrisa y entonces, el viento emite una fuerte ráfaga, mis pies zozobran, mis cabellos bailan al son del atropello y mis manos se dejan llevar por la caída.

Sin embargo, no tardan demasiado en volver a estabilizarse, en volver a encontrarse quietas, serenas y planas extendidas a los lados de mi cuerpo, al igual que mis piernas, mientras mi cabello continúa bailando. Lentamente, va quedando atrás la silla improvisada, el farol de las noches inciertas, el pie desnudo e ignorante, la terraza del perro perdido y amenazante… Y frente a mí, comienzan a aparecer bosques que representan la nueva gama de tonos de púrpura que ,al son del viento que me hizo caer, se desperezan y me sonríen, mares, mares inmensos con tantas especies diferentes de peces saltando en sus aguas que aquel que viera mi visión se estremecería.
Una de mis manos, entonces, se ve rozada por otra que, de repente, la coge con fuerza, con la fuerza que notaba faltaba en mi vuelo transeúnte, sé entonces que el color verde ha llegado, y comprendo el por que son púrpuras lo árboles…

Descendemos un poco hasta notar el mar en nuestros dedos y mojar nuestros cuerpos con las gotas que escapan asustadas ante la presión de dos cuerpos tan cercanos, las aves, copiando nuestra actuación nos acompañan en el vuelo y sonríen desde sus picos, dándonos la bienvenida a su mundo de ensueño…
De nuevo nos elevamos, enredándonos con las nubes púrpuras y burlándonos de los aviones, pobres máquinas humanas, que son incapaces de alcanzar nuestra altura.
Continuamos avanzando como únicos compañeros el uno del otro, y vemos a lo lejos, en el suelo que resta a cientos, tal vez miles de kilómetros, !qué importa¡ bombas enormes y explosiones intentan alcarzarnos, guerras, guerras en representación de tantos nombres fonéticamente absurdos, gritos, desesperación, llantos, a veces, nuestros nombres se oyen desde tierra firme, en llamadas sin juicio, y aviones persiguen nuestro paradero inexistente, negándose a que dos probes incautos huyan de la esclavitud en que han convertido el mundo, la tierra, el paisaje al principio tan hermoso se torna rojo, y los cantos de las aves que nos saludaron se vuelven histéricos…
Sonreímos, pues sabemos que, esta vez, al menos esta vez serán inútiles sus esfuerzos, pues nuestra latitud no existe, nuestro aliento solo llega a nuestros labios y nuestros corazones solo laten en el pequeño espacio inexistente que ocupamos…

Realmente,nada, nada importa ahora…

Febrero de dos mil once
Malkev

Lluvia. El sonido de la lluvia golpeando contra el suelo en una calle solitaria. El olor a humedad, mi ropa empapada y los reflejos de mi persona en los cristales, es lo único que me acompaña en esta larga noche.

Debería estar de camino casa pero nadie me espera allí, prefiero deambular sin rumbo por las calles, dejando que las gotas se impregnen poco a poco, es lo mas parecido a llorar que tengo desde que sucedió….

“Maldita sea, olvide la jodida norma!”

Las llamas aparecen, como por arte de magia, como si de una especie de río ígneo se tratara. Vienen de frente, calle abajo, imparables como siempre, destruyendo cualquier cosa que se cruce en su camino.

Una vez mas, salgo corriendo hacia el único lugar al que jamas llegaran, hacia el único punto donde pase lo que pase, siempre tendré mas fuerza que ellas.

Llevo horas corriendo, creía que el camino era mas corto, mi aliento empieza a fallar, mis piernas casi no responden. Las llamas son rápidas y van ganando terreno. Mierda! Necesito ganar velocidad. Me coloco en el centro de la calle, necesito espacio, espero recordar como se hacia, voy cogiendo impulso, mis pasos son cada vez mas largos, se van convirtiendo en pequeños saltitos, por un momento creo estar pisando directamente sobre los charcos en lugar de contra el suelo, despliego mis alas, las noto distintas, mas pesadas, puede que sea por la lluvia, serán imaginaciones mías, es el momento de despegar, me lanzo… vuela, vamos, vuela!

-Chico!

“Quien habla?”

-Chico! Estas bien?

“Quien eres?”

-Despierta, vamos, respondeme.

”Donde estoy?”

Abro los ojos, los noto pesados. Sigo en medio de la calle, pero tirado en el suelo, una chica me sujeta la cabeza, y juraría que sus manos huelen como las de ella. Me duele todo el cuerpo y estoy totalmente empapado, el aguacero sigue empeorando, la calle casi parece un pequeño río, no veo llamas por ninguna parte.

-Quien eres? Como he llegado aquí?-La noto aliviada al escuchar mi respuesta.

-Estaba fumando un cigarrillo en el balcón y vi como ibas corriendo y de golpe caías en el asfalto, creí que te habías abierto la cabeza.

-Yo…- Definitivamente huele como ella.- Tengo que irme.

-Pareces confuso, te encuentras bien? No pareces herido, a lo mejor estas aturdido por el golpe. Como te llamas?

-Esta lloviendo a cantaros, te agradezco muchísimo que te preocuparas, pero tengo que irme.

Me levanto como puedo, y me alejo corriendo mientras me despido con la mano.

-Púrpura!

De golpe, visualizo sus ojos, los de ella, aquella sombra de la que sigo enamorado y a la que puse nombre temporalmente. Me detengo y doy media vuelta. Intento acercarme, pero apenas puedo ver su rostro con tanta agua cayendo.

-Púrpura?

-Si, no parabas de repetirlo. Que es púrpura? Es un color, no?

-Es demasiado… complicado. Era mi hogar… Ahora solo son llamas.

Es hora de marcharse, las llamas parecen haber desaparecido entre el diluvio, solo debo seguir la norma, volver a casa y todo ira bien.

-Entra en casa, vas a pillar una pulmonía, no te preocupes mas por mi. Estoy bien.

Inicio mi paso sin tan solo despedirme, aunque no llego a alejarme demasiado cuando escucho un grito.

-Todavía existe!

Sin mas, la lluvia cesa, como si se tratara de un telón que se ha desprendido de su soporte dejando al descubierto la magia de la obra. Me giro, y allí no hay nadie. Solo una larguísima calle de la periferia semi inundada, y justo en el centro, yo, preocupado por la reaparición de los fantasmas del pasado. Realmente he crecido? o sencillamente estoy huyendo?

Esta amaneciendo, el sol le da un tono anaranjado al cielo. A lo lejos puede verse un puente azul. Mi puente azul, donde las rojas llamas jamas se acercan. El puente azul donde espero no tener que volver nunca. La puerta principal a ese mundo al que di la espalda para hacerme mayor.

Vuelvo a casa, me asomo al balcón y deseo viajar atrás en el tiempo.