[audio:http://www.malkevnia.com/wp-content/uploads/2011/10/Aeriss-Theme-Final-Fantasy-VII.mp3|titles=Aeris’s Theme – Final Fantasy VII]

JUEVES

Toco el suelo de Valencia, bueno, antes de eso toco la escalerilla cutre del avión de Ryanair que parece que se vaya a caer en cualquier momento. No estoy escuchando música, tengo que ahorrar batería, así que me dejo envolver por las conversaciones ajenas, sonidos de aterrizajes y despegues e incluso el despedir de las azafatas, esa es mi banda sonora.

Ahora si, toco el suelo. Nadie me espera, es normal, teóricamente solo dos o tres pocas personas saben que estoy aquí, porque vengo sin avisar, en plan sorpresa. No puedo correr hasta su casa, colarme por su ventana y meterme en su casa mientras duerme, principalmente porque no se donde vive, pero también porque su ventana esta cerrada con una verja y porque sus gritos de “Que me violan” despertarían a sus padres. Una pena…

Mi primera parada es el supermercado, concretamente el Mercawoman, al lado de la plaza del ayuntamiento, la zona que me conozco de memoria, mi zona. Al parecer las obras siguen en su sitio, a pesar de haber pasado casi dos meses, se lo toman con calma. Compro pan de sandwich sin corteza, mozzarella y pavo. Para beber encuentro un nuevo sabor de Nestea a precio rebajado, té de piña y mango… al salir descubro porque esta rebajado.

Me voy a un banco y monto los sandwiches mientras me miran con cara rara. Me como dos, bebo un poco del liquido de la muerte y me quedo ahí sentado.

Al rato aparece un tipo, se me acerca, me mira, se sienta al lado y me dice:

-Tu eres del 15M, a que si?
-Bueno… Acabo de llegar a Valencia, pero si, estuve aquí en esas fechas.
-Si, si, me acuerdo, esatavas con Mohamed en Apoyo.
-Pues si.

El tío es raro, y tiene unos tics muy extraños, pero me da conversación durante una hora y ademas me invita a un plátano. Intento sacarle si vive solo, por si cabe la posibilidad de acoplarme en su casa, pero vive con su madre, así que nada. Finalmente me canso de escucharle y me marcho a buscar un sitio tranquilo donde pasar la noche.

Visito los lugares donde había dormido con anterioridad, pero al parecer los vagabundos han desaparecido, eso me resulta un tanto extraño, así que busco por otra zona. Encuentro sitios muy buenos, pero por desgracia ocupados, así que finalmente termino en un banco mal situado, malo para pasar la tarde, pero perfecto para dormir. Extiendo unos cartones para aislar un poco el frío y ablandar un poco la cama, saco el saco y me meto dentro, coloco una camiseta en el hueso de la cadera para estar un poco mas cómodo, la mochila a modo de cojín y finalmente, termino conciliando el sueño.

VIERNES

Como siempre que duermo en la calle, es inevitable despertarme cada dos por tres, no por los sonidos, sino mas bien por la incomodidad, aunque se descansa de todas formas. Los primeros rayos de sol me quitan la manta y me golpean con la almohada, no me queda otra que levantarme.

Voy a la estación, allí se está un poco más a gusto, las sillas son cómodas, hay un baño cerca y hace menos frío, que a esas horas de la mañana, es bastante notable. Las horas vuelan leyendo el único libro de mi colección que tenía pendiente, “El descendiente de la oscuridad”, un libro vampiro-erótico sobre una mujer que se enamora de un lujurioso monstruo.

Se ha calentado un poco el ambiente, me quito la camiseta gruesa y me dejo puesta la fina. Empiezo a caminar a la plaza del ayuntamiento, donde he quedado con Sary-chan.

Llego, me siento, leo un rato y me llama porque no me ve, pero enseguida nos encontramos. Ya se le ha ido todo el tinte y tiene el pelo rubio platino, aunque una pequeña capa es mas cobrizo, y por supuesto, las raíces oscuras, de su color natural. Nos abrazamos, es tan delgaducha como yo, eso me encanta, porque me deja envolverla completamente.

Nos ponemos a caminar sin rumbo para finalmente terminar desayunando en un “Café y te”, como casi todas las veces que habíamos quedado. Parece que ella no había ido a uno desde la ultima vez, me parece un detalle bonito, aunque probablemente casual. Hablamos de como nos van las cosas, nos alegramos de unas, nos apenamos de otras. Me gusta ver a Sary-chan en persona, porque parece mas animada y risueña, tal vez sea fachada, pero me hace sentir mejor verla así, me da la sensación de que poco a poco está haciéndose mayor, aunque en realidad ya lo sea más que yo, literalmente.

Dejamos el local y caminamos sin rumbo una vez más. Pasamos por tiendas frikis, donde hay merchandising, unos pocos libros de rol, mangas y demás; tambien por una tienda de segunda mano, donde me hago los dientes largos con una cámara que tendrá que esperar. Llega el mediodía, nos sentamos en un banco, donde oportunamente se pilla Wifi y pasamos allí el rato, una vez más, charlando.

Me dice que ha quedado con un amigo, así que nos acercamos a la zona. Al rato, evidentemente, aparece, y tras comentar que planes tiene cada uno, rematamos la jugada yendo a comprar la flor para Burbujita todos juntos. Una preciosa rosa azul por la que me piden 2/3 del riñón derecho y bajarme dos tonalidades el color del ojo izquierdo.

Nos separamos. Me dirijo sin prisas hacia el lugar donde he quedado con Marta, el gancho, para darle la sorpresita a mi queridisima diosa del Olimpo.

No tengo linea en el Iphone, así que busco como un loco una red wifi que robar, cosa que encuentro sin demasiada dificultad, pero Marta no está conectada. Plan B, una cabina para llamar. Joder, de pequeño había una en cada bar y en cada esquina y ahora parece que las hayan robado todas, que barbaridad. Termino encontrando una, me pongo en contacto con ella, me dice a donde ir.

Llego al lugar que creo que es el correcto, no hay nadie, pasa un buen rato y me llaman.

-Donde estas?
-Donde me habéis dicho, al otro lado del Mestalla.
-Ves un edificio de ladrillos naranjas?
-…Si.
-Pues alejate.
-Como que me aleje? -Se escucha a Yolanda gritando de fondo y cagándose en mi por entender lo que me decían.
-El Mestalla, a la derecha.
-Como a la derecha? Mirando hacia donde?
-Mirando al Mestalla, a la derecha.
-Pero… hacia los edificios de ladrillos?
-En que calle estas? Bueno, espera y llegamos. Tu ve avanzando hacia la derecha.

Termina la llamada, voy avanzando hacia lo que considero que es la derecha del Mestalla, las veo caminando.

-No era más fácil decir en el sentido contrario a las agujas del reloj?
-No, porque te puedes liar igual.
-No, porque el Mestalla es el reloj, no hay forma de perderse.

Nos dirigimos hacia su casa. Por el camino llaman a Burbujita para saber cuanto le queda para llegar. Llegará en breve, así que aceleramos un poco el paso. Nada más llegar, lo hace ella, por lo que me suben corriendo escaleras arriba hasta la cocina, por que siempre sube a hacerse la merienda.

Mientras cruzo el hueco de la puerta, la veo subir y me da la sensación de que ella me ha visto a mi, pero tras un instante de incertidumbre escondido tras una columna, parece que no ha sido así. Permanezco ahí escondido un rato, sin saber muy bien que hacer. Escucho muchas voces, han subido todos.

-Tss, tss! Cuando piensas salir?
-No sé, avisame.
-Sal ahora.
-Ahora?
-Si, ahora.

Intento asomarme un poco para localizarla. La veo frente a la nevera, rebuscando en la parte de abajo, lo que parece ser el congelador, su bonito pelo y su cuerpecito son inconfundibles. No se que hacer, ha sido todo muy rápido, como lo hago?

Bah, como salga. Me meto la rosa azul que no había soltado ni un instante en el bolsillo, me acerco en silencio, sin que me vea, le paso las manos alrededor de la cabeza y paro en sus ojos, impidiendo que vea nada.

Pone sus manos sobre las mías, me las aparta, se gira, me mira. La envuelvo con los brazos, apoyo mi mejilla en su pelo y la aprieto contra mi. Nos besamos. Nuestro tercer beso, aunque da la sensación de que llevamos años haciéndolo a diario durante toda nuestra vida. El momento dura una eternidad, el tiempo fluctúa a su aire, la cámara gira, el fondo se desdibuja, salimos de la habitación sin movernos un centímetro, ya no hay problemas, no hay preocupación, y entonces, de nuevo, sin avisar… las mariposas entran en escena.

Paramos para respirar.

-Te he echado de menos.

-Yo también…

-Estaba comiendo una trufa, quieres?

-Vale.

Me la acerca a la boca con el pulso tembloroso. Le doy un mordisco. El chocolate es muy bueno, me encanta. Nos besamos de nuevo, la abrazo con fuerza.

-Toma, esto es para ti. -Digo mientras me saco la rosa del bolsillo.

Ella la coge, la huele y la pone sobre la mesa. Durante un instante, creo ver una lagrima, quizás son imaginaciones mías.

Empieza a hacerse la merienda, tostadas con jamón, yo mientras tanto, me limito a disfrutar de la sensación de estar ahí, mirándola, teniéndola al alcance de mi mano. El resto está haciendo el gamberro con la nata y el chocolate, son bastante graciosos, parecen buena gente.

La tarde avanza entre arrumacos, besos, caricias y te quieros. A pesar de estar perfectamente donde estaba y haciendo lo que hacia, ella y yo no eramos los únicos que estábamos ahí. Alguien decide ir a un cien montaditos y empiezan a planear como será su interrail de verano, así que eso hacemos.

Al llegar intento darles algunos consejos, y no puedo evitar que se me pasen fugaces locuras por la mente, aunque me las guardo para mi mismo. La tarde sigue, pasamos por varias tiendas de chapas, aparece gente que no conozco, me invitan a tarta de chocolate que está de muerte, volvemos al punto de inicio, miramos monólogos, Burbujita me dice que se ha dejado la rosa arriba, yo bromeo con que no me quiere, salimos a cenar a un kebab, uno del grupo me ofrece ir a patinar, Marta se marcha, terminamos una vez más en la casa, aunque esta vez se ponen a jugar con cerbatanas a lazar dardos y bolitas de airsoft y paulatinamente, va llegando el momento que no quería que llegará, la noche.

La gente se va marchando. Alguien menciona un hostal donde podría pasar la noche, aunque a mi me sigue pareciendo más caro que cero euros. Burbujita se siente mal por dejarme en la calle y tiene una lucha interna sobre si decírselo a sus padres o no. Finalmente no lo hace, porque la convenzo de que sería marear la perdiz más de lo necesario, y dormir en la calle no es tan malo como pueda parecer. Se marcha ella antes que yo, la beso una ultima vez, no quiero separarme, no quiero que se vaya, no quiero perderla…

 

Salgo, un tanto angustiado, aunque con la tranquilidad de saber que la noche siguiente, si seguía vivo, no me separaría de ella. Ando sin rumbo, como la noche anterior.

Es pronto, solo es medianoche, así que pienso que aun saldría a cuenta ir al hostal ese. Intento recordar las indicaciones, y las sigo tal cual aparecen en mi mente. Milagro! Allí está, es una de las pocas veces que no me pierdo.

El local se llama PurpleNest y al entrar suena una música fuertisima, muy electrónica, parece como si estuvieran teniendo una fiesta de la hostia. El local tiene unos toques muy retro, todo esta en tonos morados, me encanta. Doce euros la cama, supongo que en algún momento pararán la música para dormir, vale la pena por ese precio.

-Hola, os quedan camas? -Digo medio gritando.
-Tienes tarjeta?
-No, es la primera vez que vengo.

En ese momento entran dos extranjeros altos, rubios y de ojos claros. Un chico y una chica, con ropa aparentemente cara, imponen un poco. Enseñan una tarjeta y el chico les deja entrar.

-A ver… no me quedan camas, pero aquí al lado, tenemos otro establecimiento, que seguro que le quedan, este suele ser siempre un caos.
-Vale, muchas gracias.

Me acompaña a la puerta y me da indicaciones. Yo, por supuesto, las sigo al pie de la letra. Me pierdo.

Una hora mas tarde, y habiendo dado la vuelta a todas las manzanas posibles, termino encontrándolo.

Entro. El local también es retro, con toques abstractos y en este caso tonalidades rojas, supongo que de ahí el nombre, RedNest. El ambiente es la mar de tranquilo, y antes de atenderme a mi, hay un marroquí. Fijo que esto es la serie B del otro hostal, donde mandan a los pobres y a los feos. Me tocara dormir con un montón de extranjeros de segunda gordos y roñosos, roncando y tirándose pedos.

-Hola, os quedan camas?-Digo, esta vez, con mi tono normal.
-Si, nos queda una habitación de ocho, es la ultima cama, serán catorce euros.

Me pide el DNI, un euro extra de deposito que me devolverán al día siguiente y me explica el funcionamiento. Planta dos, habitación veinticuatro, cama ocho.

Nada mas subir, por el pasillo, esta vez, coloreado de verde y azul pastel, se me cruza una chica alta, morena, pelo rizado, de ojos oscuros y rasgados. Lo único que lleva encima es una pequeña toalla blanca y una chanclas. Me mira, intento apartar la mirada. Me habré equivocado de piso?

Me acerco a mi habitación, paso la tarjeta electrónica y se abre con un sonido característico, no hay posibilidad de error, es esta. Ni una, ni dos, ni tres, sino siete, siete chicas extranjeras, o aparentemente extranjeras, rondando la habitación. Dos de ellas peinándose, con el pelo todavía húmedo, tres tiradas en la cama medio dormidas, una con las piernas cruzadas y el portátil encima y la ultima, la que está en la parte de arriba de mi litera, tapada hasta la cabeza. Bueno, quizás esta ultima podía ser un chico, no lo se. Todas de pelo claro, guapas a simple vista, aunque no me fijo demasiado, me da un poco de miedo la escena, parece sacada directamente de la película Hostel, puede que en cualquier momento me intentaran seducir, para después despertarme atado a una silla con un psicópata en frente. Me meto en mi camita, organizo un poco la mochila y a dormir.

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SÁBADO

Me despierto tarde, en la habitación, vivo, solo. Son las once, me lavo un poco la cara y subo al piso de arriba a desayunar uno de los sandwiches que guardaba en la mochila y una cocacola.

Salgo en dirección al árbol centenario, donde quedamos la ultima vez, donde nos besamos. Ella, evidentemente, no está, así que espero a que llegue leyendo un poco.

No tarda demasiado en aparecer. Nos abrazamos, nos besamos y nos ponemos al día. Me comenta que podremos dormir en casa de su abuela. Genial!

Caminamos arrastrados por el aire, parando para besarnos cada vez que el reloj hace tic, cada vez que un semáforo se pone en rojo, cada paso impar, cada siete pestañeos y cada doce latidos, los suyos y los míos. No le molesta restregar nuestro amor al mundo, no le importa que la coja al caminar o que vayamos cogidos de la mano, incluso le gusta que me ponga detrás suyo, la abrace y tengamos que caminar como tontos, es una chica muy especial.

Terminamos llegando al cauce de un antiguo río por donde no corre agua, una zona verde alargada que utilizo muchas veces como referencia si me pierdo por la ciudad. Buscamos una zona de sol-sombra, un espacio donde pega el sol a través de las ramas de los arboles, para que no haga demasiado calor ni demasiado frío, y ademas tiene que tener césped frondosete y cómodo. Lo encontramos y nos sentamos.

-Tengo algo para ti.
-Que es?
-Bueno, como empezamos a decirlo, no hay demasiados, pero toma.

Saco una bolsita de la mochila. En ella hay un montón de papelitos doblados, unos tan grandes como un folio, otros tan pequeñitos como la cabeza de una cerilla. En todos está escrito “Te quiero” acompañado de alguna tontería o detalle del momento en el que lo escribí. Todo empezó porque no quería decírselo por msn, quería gritárselo a la cara, pero como eso era imposible, empecé a escribirlo en papelitos y lo metía en mi taza favorita.

Nos entra hambre, así que decidimos ir a comer algo. A mi me apetece sushi, pero a ella no le gusta, aunque se acuerda de un restaurante asiático al que quería ir, por que lo veía cada vez que pasaba por delante.

Al llegar, no se que pedirme, hay sushi, pero muchas variedades. Como soy un indeciso, termino pidiéndome un variado y ella se pide fideos con gambas. Intentamos comer con palillos, pero finalmente desistimos, y pido que nos traigan tenedores. Me gusta que me haga pedir las cosas, da por sentado que a mi no me da vergüenza hacerlo, y aunque en realidad si la tengo, me da el empujoncito necesario para hacerlo sin siquiera dudar. Está todo muy bueno, y aunque es un poco caro, no te deja con hambre.

De nuevo hacemos tiempo, de aquí para allá, con cariñitos y achuchones. En alguna ocasión, mi brazo o codo roza su pecho y me ruborizo, aunque ella no se da ni cuenta.

Vamos a una heladería donde hay montones sabores, entre ellos fabada y demás animaladas, ella se pide Oreo con cookies y chocolate. A mi me entra antojo, aunque de LlaoLlao, así que nos pasamos y me pido lo de siempre, un granizado de sandia con yogur helado por encima, kiwi y fresas.

La tarde empieza a convertirse en noche, y decidimos coger el metro hacia casa de su abuela.

Tras un rato, una parada para preguntar como se llegaba a X calle y por supuesto un millar de carantoñas, llegamos.
Allí conozco al fin a su madre, a pesar de que Burbujita no deseaba que eso sucediera tan pronto.

La velada es divertida, las preguntas van apareciendo a matar, aunque no como yo había previsto. Cinco minutos más tarde, no se como, termino hablando de mi madre y ella termina deduciendo que su historia me ha afectado mucho. La historia de mi madre, la dejo para otra ocasión, que ahora no viene a cuento. No considero que todo lo que me ha preguntado le sirva para conocerme mucho, pero me comporto lo más natural posible, y parece que todo esta yendo bien. La conversacion termina con…

-Pero, tu ten en cuenta, que ella es virgen y aun no le han roto el himen. -No puedo evitar soltar una carcajada.
-Ya, ya, eso ya lo se.
-Si tienes pensado hacerlo, por favor, que no sea hoy.
-No, claro, la primera vez tiene que ser algo especial, y quiero que sea en un sitio bonito.
-…
-No, a ver, que este sitio es bonito, y tal, pero me refiero a algo mejor.-Seguro que Bubujita se está partiendo de mi ahora mismo.

-De todas formas, tened cuidado, yo entiendo que seáis unos adolescentes hormonados.

La cosa deja de centrarse en mi y pasamos a cenar. Yo ceno mi ultimo sandwich y ella jamón serrano finito con nada. Después, nos dirigimos a la habitación.

Tras un portazo, la miro, no puedo evitar desearla, la cojo en brazos y la lanzo a la cama. La lujuria se apodera de mi. Le abro la camisa de par de par en par, varios botones saltan. Su sujetador se abre por delante, perfecto. Veo sus pechos por primera vez, más grandes de lo que me esperaba, increíblemente apetecibles, los acaricio con mis manos mientras la beso salvajemente, entonces ella me dice:

-Sabes que esto no esta pasando, verdad?

-…Vale, pero no puede uno soñar?

Allí esta, frente a mi, volviendo del baño, con el pijamita puesto, se da la vuelta.

-Lo siento, pero voy a quitarme el sujetador, que molesta.

Se quita la camisa, y se quita el sujetador. Su espalda es preciosa, lisa, su cuerpo, juvenil, atractivo, deseable. Solo puedo ver su silueta y ya estoy luchando por no abalanzarme sobre ella. Me muerdo el labio. Vuelve a ponerse la camisa. Me calmo un poco.

Apagamos la luz y nos metemos en la cama. Hablamos, nos abrazamos con todo el cuerpo, nos besamos dulcemente. La belleza del momento es indescriptible, todas mis preocupaciones desaparecen, solo importa ella.

-Tienes sueño?
-No, y tu?
-Estoy cansada, pero no tengo sueño.

Adoro su voz cuando me habla cariñosamente, es aun mas tierna que de costumbre, más inocente.

Ineludiblemente, las caricias, al principio inocentes, empiezan a convertirse en roce, los besos, se vuelven agresivos. Mi mente tiene que luchar por no dejarse llevar, aunque a ella no parece molestarle nada de lo que hago.

Mis manos van conquistando terreno inexplorado, mi cuerpo hierve, se descontrola… no puedo, no puedo!

Jadeo entre beso y beso con la esperanza de ahuyentar el deseo, no  funciona, es demasiado hermosa, demasiado sexy, su piel es suave, su cuerpo, perfecto. Le pido que se quite la camisa, necesito notar su piel contra la mía.

Mi ojos luchan por ver a través de la oscuridad, las yemas de mis dedos se enfrentan al reto de funcionar mejor que nunca, recorriendo cada milímetro, grabándolo en piedra en una escultura mental. Quiero más, mi lengua, hasta ahora monopolizada por su boca, se sale de órbita, paseando por sus orejas, su cuello y bajando poco a poco. Estoy a un paso de perder la razón.

Mis manos siguen jugando, mi lengua, bajando, todo mi cuerpo se estremece. Sigo bajando…

DOMINGO

Abro los ojos, está a mi lado. Ya no recordaba lo que es despertarse abrazado a alguien. Soy el hombre más afortunado del mundo, es maravilloso. Sigo estrujándola tirado en la cama, no quiero levantarme jamas.

Su madre nos da el toque, va siendo hora de dejar nuestro lecho. La ignoramos.

Al rato vuelve y la llama. Ella sale y me quedo solo en la habitación. Parece que sus padres se van, así que no conoceré al hombre que le dio la vida, cosa que me hacia mucha ilusión. No es ironía, lo digo en serio.

Bueno, tenemos toda la casa para nosotros solos, que podemos hacer?… Desayunar, evidentemente.

Me toca tomarme un vaso de Cola-cao asqueroso con leche fresca… aunque como mínimo, le puedo echar azúcar. Ella se hace su mejunje con tres kilos de polvo y galletas rotas, parece como si hubiera potado un conguito, con lo bonita que es la homogeneidad del Nesquik.

Guarradas aparte, decidimos ducharnos.

-Nos duchamos juntos?
-…No. -Dice ella.

Me gustaría insistir, disfrutar de nuevo y con la luz encendida de su desnudez, pero no creo que sea la mejor idea.

Ella se ducha primero. En mitad de la ducha me llama para que vaya. Me emociono como una colegiala y voy.

-Puedes mirar de arreglarme el termo que no funciona?
-Claro.

Intento arreglarlo, aparentemente funciona y se parece mucho a la que tenía en casa, pero no le da la gana ir. Termina llamando a sus padres, supongo que no valgo ni para eso.

Vuelve a la ducha. No puedo evitar pensar en meterme con ella sin avisar, pero no se como se lo tomaría, aun no la conozco lo suficiente. Divago demasiado, el tren se me escapa y ella sale. Dice que le ha costado, pero ha conseguido ducharse con agua fria.

Mi turno, me meto en el baño, me desnudo y me hago un rápida revisión frente al espejo. Bastante guarrete estoy, la verdad, y estoy lleno de la lepra esa que me sale cuando tengo la piel seca, pero no parece que tenga nada nuevo o raro.

Me ducho con agua fría y aun así, no consigo librarme de esa maldita erección que acompaña cada vez que ella me toca y los diez minutos siguientes. Porque demonios tendrá que tocarme a mí sufrir esta libido descontrolada?

Termino, salgo de la ducha y me visto. Voy a la habitación y me la encuentro vestidita de calle. Una pena, el pijama me parece una prenda totalmente erótica. Joder, no paro de pensar en lo mismo…

Tras un rato en la casa, nos marchamos de nuevo al centro. Realmente no se porque hacemos eso, porque ahí no tengo nada, pero es como si ya lo considerara mi vivienda o algo así.

Al llegar, como no tenemos demasiado tiempo, decidimos ir a perrear donde siempre, cerca del árbol centenario. Por el camino paramos por un Yogurlandia y me pido una granizada de sandia.

Besos, caricias, arrumacos, el recién descubierto placer de sobar sus perfectas tetas y su increíble culo. Se acerca la hora, me desespero, la abrazo, no quiero separarme de ella. Y si muero? No la volveré a ver. Puede que sea el ultimo beso. Intento para el tiempo, una vez más, no lo logro…

Se termina marchando, nos despedimos con la tristeza de saber que al día siguiente no nos podríamos ver.

Camino despacito un rato, sin rumbo, para finalmente decidir llamar a Pablo y pasar el resto de tarde con el. Me voy en busca de una cabina de teléfonos. Esta vez tengo más suerte y hay una cerca, descuelgo, meto una moneda y me llaman al movil. Entre la postura incomoda y el miedo a que me cojan algo y sal corriendo, no me da tiempo a cogerlo. Cojo la moneda de la caja del cambio, saco el iPhone y miro quien es. Burbujita. Me acerco a donde estabamos y no la veo. Me llama de nuevo.

-Donde estas?
-Cerca de donde antes.
-Voy para donde estábamos que mi padre quiere conocerte.

Me voy acercando aun más y los veo, están al otro lado de la calle. Como con su madre, me lo imaginaba más joven, supongo que lo de los míos, es una excepción. Tiene un bigote canoso épico.

-Hombre, por fin conozco al chico al que tengo que partirle las piernas.-Me río. -Bueno, encantado de conocerte.
-Igualmente.
-Bueno, entenderás que quiera conocerte, estáis en una relación un tanto asimétrica, tu ya has vivido tus cosas y a ella le queda mucho por vivir. Ademas, tiene que estudiar.
-Ya, si yo soy el primero que piensa en eso.
-Bueno chico, pues cuidate, ya nos iremos viendo.
-Eso esta hecho. Nos vemos.

Conversación corta, pero concisa. Era un rapido analisis hacia mi persona. Intenté comportarme de forma habitual, conozco la situación, lo importante es parecer tranquilo por muy nervioso que te encuentres.

Ellos se van por su camino y yo por el mio. Vuelvo a la cabina.

-Hola, esta Pablo?
-Que Pablo?
-Pablo hijo.
-De parte de quien?
-De Malkev.
-De Malkev? Con Pablo?
-Eso he dicho.
-Un momento…

Pasa un rato.

-Ey, que pasa.
-Te va bien quedar.
-En cuarenta y cinco minutos donde siempre?
-En la plaza del ayuntamiento?
-No, donde siempre estabas tirado y medio sobando.
-El puente de las flores?
-Si.
-Vale, pues ahí nos vemos.

Allí me dirijo, y al llegar, lo de siempre, tirarme en un sitio cómodo y ponerme a leer. No tengo que esperar demasiado hasta que aparece. Hay peña jugando a Softcombat como tantas otras veces había visto, tengo pensado jugar cuando me haya asentado en la ciudad. Nos sentamos enfrente, en la hierva y nos ponemos al día.

Me cuenta que esta planeando hacer un corto, le doy ideas y le aconsejo cosas, algunas le interesan otras no tanto. Durante toda la conversación, se pone a quemar papelitos y demás, incluso nos llaman la atención. Me pregunta sobre Inma, sobre que voy a hacer y sobre Burbujita. Le enseño una foto donde nos besamos, porque no creía que se lo estuviera diciendo en serio. Empieza a oscurecer, así que nos levantamos y le acompaño a su casa. Nos despedimos.

Va siendo hora de pensar en donde dormir. Vagabundeo en busca de una Wifi para hablar con Sary-chan. Consigo encontrarla, no está. Hablo un rato con Ojoschachis y Burbujita. Sary-chan se conecta al rato, aunque me dice que su padre aun está, así que no puedo ir a dormir a su house. Me quedo un rato mas haciendo tiempo, y finalmente me marcho para no consumir demasiada batería. Parece que toca calle again.

Miro cuanto dinero me queda, y decido darme un caprichito, ya que en un par de horas cobrare mi ultima paga. Voy al burguer y me pillo la hamburguesa mas barata de todas, que lujo. Me siento en los sillones cómodos y tras terminar de cenar, me quedo allí leyendo hasta que me echan para cerrar.

Decido dar una vueltecita a ver si encuentro uno de esos sitios buenos que el otro día estaban pillados.

De camino a una de las plazas vagabundescas, hay un edificio en obras. Parece que están arreglando la fachada y no vive nadie. Se me pasa una loca idea por la cabeza. Espero a que la calle se quede vacía y escalo por el andamio. Llegar al primero es lo mas difícil, después hay escalerillas. Suerte que aun no he perdido toda la practica de parkour, intento hacer el mínimo ruido y subo unos cinco pisos hasta que llego a la azotea. Saco el saco, desgraciadamente no hay cartones, así que me monto la camita con lo que tengo.

Ale, a dormir, que mañana será otro día.

Y el resto, en la segunda parte. ^_^