Compañera de fatigas

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No soy un buen amigo, ni tan solo un buen colega. No soy alguien con el que contar para salir de marcha o tomar unas birras. Soy introvertido, solitario, ligeramente depresivo y tengo tendencia a apartar a la gente de mi lado. Y encima, no sé hacer regalos.

Pero a pesar de todo eso, a pesar de la montaña andante de defectos que soy, una incansable luchadora sigue junto a mi al pie del cañón. Una increíble muchachita que tiene la increíble capacidad de saber si me pasa algo, incluso a través del teléfono a más de trescientos kilómetros de distancia, y que ademas intenta con todas sus fuerzas ponerle remedio.

Hoy, hace ya cuatro años que metí toda mi vida en cajas y me lancé al mar para estar a su lado. Han sido cuatro años difíciles para mi, sin trabajo, lejos de casa, con recursos muy limitados y en muchas ocasiones con el temporal de cara y con ese desagradable desasosiego que te atormenta cuando eres incapaz de hacer lo que realmente quieres. Mentiría si dijera que no me he perdido cosas, vivido aventuras o tenido algunas experiencias que sin ella probablemente habría vivido, pero echo la vista atrás a lo vivido y hacia adelante a lo que queda por vivir, y no lo cambiaría por nada. Me quedan todavía muchos años por delante para vivir lo que quiera, y quiero hacerlo junto a la actual poseedora del record mundial de aguantar a mi lado.

Si bien no me gusta tener que subir a un ataúd alado y jugarme la vida cada vez que voy a verla, merece la pena el riesgo si es para estar a su lado, aunque sean solo un par de días sin hacer nada, mirando la caja tonta o tirado en la cama tapado con una manta mientras ella estudia psicología.

Dormir a su lado y abrazarla, a pesar de que trate de asfixiarme con su salvaje melena, me permite ignorar a esa mortal sombra que me persigue a todas partes y que la mayoría de las noches apenas me deja pegar ojo. Hacerle sonreír le aporta algo de sentido a mi triste existencia. Saber que se siente un poco mejor si estoy yo ahí, le da valor a mi vida. Cualquier cosa junto a ella, siempre es un poco mejor.

Y a pesar de todo eso, incluso con ella, me cuesta abrirme y exteriorizar las cosas. Y es que aunque los dos sabemos, sin decirnos nada, que somos la persona más importante para el otro, y eso tiene más valor que cualquier “te quiero”, palabra escrita o gesto romantico, he decidido, ya que hago regalos de mierda, reabrir este blog, el lugar gracias al cual nos conocimos, y dedicarle la primerísima de las entradas para dejar constancia en el tiempo de que nuestro amor, es y será, un hecho.

Feliz aniversario. Caracola.