[audio:http://www.malkevnia.com/wp-content/uploads/2011/07/You-Could-Be-Happy-Snow-Patrol.mp3|titles=you could be happy]

No voy a extenderme demasiado en lo que respecta a mi vida en la plaza, porque eso lo haré en otra entrada.

Como toda historia que se precie, empieza con un momento clave, y ese momento, en este caso, es esa efímera eternidad que me invade cuando descubro unos ojos nuevos. Conozcamos un poco esos ojos.

….

Habían pasado ya varios días desde mi fuga hacia la vida real, ese mundo que creía conocer, pero solo de oídas, como la mayoría de la gente hoy en día. Me encontraba una vez mas, sentado en una destartalada silla, con los pies apoyados en una mesa improvisada, rodeado de los demás perroflautas, medio tirados todos en las sillas desiguales. “Apoyo” una comisión que se había convertido en una especie de punto de descanso o reunión, donde cada uno tenia su motivación para estar ahí, unos desconectando de tanto politiqueo y trabajo arreglando la plaza, otros con ganas de ayudar esperando que alguien mandara algo o algunos simplemente acompañando al resto recién salidos del colegio o el trabajo, pero casi todos con la misma idea en la cabeza, cambiar el mundo a mejor, por muy improbable o difícil que sea.

Un día, no recuerdo cual, ella apareció y se sentó. Era una chica guapa, guapísima, lo sabia no porque me hubiera fijado, sino porque el aumento de la testosterona en el ambiente era casi palpable. La verdad es que me preguntaba porque venia justo a esa comisión habiendo otras menos “salvajes” con las chicas. Cuales fueron las primeras palabras que le dirigí, nunca lo volveré a saber, puesto que ella tampoco lo recuerda, pero seguramente alguna tontería sobre hacia donde le gustaría ir si saliera de Valencia o las ventajas de quedarse en esa ciudad, porque eran las preguntas que le hacia a casi cualquier ente con el que me topaba.

Los días fueron pasando, aunque me parecían meses, y ella seguía viniendo. Como soy malo con los nombres y estaba claro que iba a seguir viéndola, tenia que llamarla de alguna forma, así que internamente la llame “Marta”, por ponerle algún nombre. Si tenia que dirigirme a ella, utilizaba un “muchacha” o el genérico “tú”. Conversaciones mas o menos profundas iban sucediendo, algunas incluso muy interesantes, pero le daba la misma importancia que al resto del personal, quizás un poco mas que a la media porque se la veía mas “avispada” por llamarlo de alguna forma.

Un día random, que no se cual es, a pesar de que apuntaba todas las estupideces que hacia y me iban pasando, se produjo ese efímero y maravilloso instante. Ella estaba sentada frente a mi, llevaba un vestido negro y una chaqueta vaquera, era como si de golpe, toda ella hubiera aparecido de repente, como si lo que era una fotografía difuminada en blanco y negro, se hubiera enfocado y hubiera recuperado su color. “Marta” se había convertido en Inma. Sus ojos… unos enormes y preciosos ojos marrones, con rayas blancas en la parte de abajo y dibujos como los de un tocón de árbol. Esos ojos, por alguna extraña razón, tenian una mirada perdida. Y mi mundo empezó a vibrar de curiosidad. Que puede hacer que una chica como ella, tan aparentemente segura y responsable, tan mágicamente hermosa, se quede durante un par de segundos mirando a la nada? Tenia que averiguarlo, tenia que saberlo todo, y si podía, tenia que ayudarla. Quería ayudarla, era mi objetivo!

El tiempo pasaba y yo empezaba a acercarme mas a ella, pero con un cierto aire de indiferencia, para que no fuera evidente. Empezaba a hablarle de mi, de lo que había hecho, de mis metas, de los sueños, de las sonrisas y de las estupideces que moran mi mente continuamente, y por supuesto, intentaba averiguar todo lo que podía sobre ella, aunque fuera con preguntas triviales, como su color favorito o que le gusta comer. Le recordé a la película “Hacia rutas salvajes”, me dijo de que trataba y que me la pasaría, aunque le dije que hacia donde yo iba, no hay muchos sitios donde poder mirarla.

Algo en mi deseaba abrazarla, aunque no conseguía reunir el valor necesario para hacerlo. Cada día que la veía y no lo hacia, me maldecía, porque la plaza era nuestro París, y era evidente que iba a desaparecer un día u otro.

Un jueves, durante la cena, Inma se despide, casi a traición y sin oportunidad de reacción, como siempre. Pero esta vez no! Armado con mucho valor y la comida de la cena aun en la boca, me levanto.

-Inma! -Se gira, dejando ver sus granitos de adolescente y su maravillosa sonrisa. -Puedo darte un abrazo?. -Digo mientras extiendo los brazos.
-Como te voy a negar un abrazo?

Dos días mas tarde, un sábado, estábamos los piesnegros y yo de tranquis en la plaza, tirados en un sofa en mitad de la plaza, y como de costumbre, Inma se termina despidiendo, porque al fin y al cabo, tiene una vida. Como todavía quería seguir disfrutando de su compañía y no tenia nada que hacer, le pregunto si puedo acompañarla. Me dice que si.
De camino me cuenta un montón de cosas sobre ella, sobre su padre, sobre lo que quiere hacer, sobre sus motivaciones y sus sueños, sobre su ex, sobre mil cosas. Deseaba que viviera en china para no tener que dejar nunca de caminar a su lado. Le hice la pregunta de si se vendría conmigo a vivir aventuras con una mochila a la espalda y me dijo que si, que mas inestable su vida no podía ser. Al fin estaba descubriendo el porque de su mirada, y aun así deseaba saber mas, ya no solo de la mirada, sino de toda su persona. Me estaba empezando a gustar…

Llegamos frente a su casa, el inevitable punto y final de la conversación. La abrazo, un abrazo eterno, de esos que notas como todo fluye y no quieres o no sabes como terminar. La miro mientras nos separamos, despacito, estamos muy cerca, creo que la beso en la frente. Llegados a este punto, es de verdaderos idiotas el no darse cuenta de que ESE era el momento de besarla, pero… supongo que soy un idiota, así que me giro y me marcho…

Unos cinco pasos lentos e incómodos mas tarde, a unos diez pasos lentos e incómodos de distancia, ella se gira y grita “Gracias!”. Yo, me giro, corro hacia ella y la beso, como en las películas. No, espera! Eso solo lo pensé, en realidad solo alcancé a girarme y hacer un gesto del tipo “no hay de que.” Seps… Segunda oportunidad tirada a la basura, soy un crack!

Eufórico, de camino a la plaza, hago lo único que se hacer cuando hago una gilipollez de ese calibre. Corro! Corro y corro sin rumbo. Me pierdo. Me tiro en el césped mas cercano al sitio donde estoy y me pongo pensar. Le doy vueltas al tarro hasta que termino llegando a la conclusión de… supongo que sera mejor así. No era mi momento, no era mi destino. Esa no es una de las vidas que me toca vivir.

Domingo, el día siguiente. La escena se repite, esta vez mas temprano. “Te acompaño?” digo, y todos los demás me imitan, con la esperanza de que los elija a ellos en lugar de a mi. Ella dice que quiere irse sola a casa, pero mientras se levanta, me guiña un ojo. Un guiño que me ruboriza, que me hipnotiza, que me paraliza y que me enamora. EL GUIÑO, el mejor puto guiño de este universo. Me levanto disimuladamente, aunque con un aire victorioso, al fin y al cabo, soy el que se va con la chica.

Esta vez, el camino es bastante diferente, le recuerdo que tenemos que quedar para ver la película, pero me dice que es imposible, porque vive con su prima. Tengo la sensación de que por mis reacciones de la noche anterior, me ve como a un amigo… Y encima me dice que no puede venir de mochilera conmigo, que es una locura, que no es tan valiente como yo…

Creo que es hora de marcharse o terminare haciéndome daño.

Un momento! No me he despedido de Burbujita! Creo que tendré que aplazar mi marcha hasta el Viernes, después de San Juan.

Lunes, no aparece. Martes, aparición fugaz, y encima no la acompaño porque iba super emporradisimo, aunque después me arrepentí.

Miércoles, habíamos dicho que un día teníamos que quedar para ver la película, aunque como vivía en casa de su prima, eso seria imposible. Como “compensación” habíamos quedado en un parque(Viveros).

Era la primera vez que quedábamos fuera de la plaza. Era un lugar bonito, muy acogedor, con su césped y sus arbolitos, había poquita gente y eso era de agradecer después de tanto estar en cemento y rodeado de gente.

Esa tarde me explico su sueño. Quería ir al campo, plantar azafrán y vivir de eso. La idea me fascinaba, mas que ir de aquí para allá sin rumbo, mas que cualquiera de las locuras que pudieran llegar a pasarme. Eso si me parecía una aventura que iba hacia algún lado, un objetivo. Y ademas encajaba perfectamente con mi sueño de hacer feliz a todas las personas posibles. Lo tenia decidido, quería acoplarme en su camino, aunque fuera temporalmente.

Hablamos y hablamos sin parar, hasta que nuestras palabras perdían el sentido y los temas iban desapareciendo. Y entonces, con la tontuna que me caracteriza, empiezo con mis chorradas.
-Que te apetece hacer?
-Que me apetece hacer de que?
-Lo que sea! Lo que se te ocurra!
-No se, que te apetece a ti?
-A mi?… Déjame pensar… Pompas! Me apetece hacer pompas de jabón! Y tirarme en la nieve! Quiero hacer ángeles en la nieve! Nunca he estado en la nieve, sabes? Y… volar!
-Estas loco…
-Ya… Y… me apetece abrazar a alguien. Tumbados, me apetece achuchar a alguien tumbado en una cama.
-Bueno, podemos hacerlo en la hierva.
-Claro, la hierva es mi cama. Elige, izquierda o derecha?
-Izquierda o derecha?
-Si, claro, donde quieres ponerte, a la izquierda o a la derecha? Es una decisión muy importante.
-Derecha.
-Derecha entonces.
Dicho y hecho, me tumbo a su izquierda. Ella apoya su cabeza en el hueco entre mi cabeza y mi hombro. Le explico que me iba a ir en dos días, que tenia pensado hacerlo sin avisar, porque no me gustan las despedidas, pero que al final, no había podido evitar decírselo.
-No quiero que te vayas.
-Pues dímelo.
-No, no quiero condicionarte y que te quedes por mi.
-Dilo, es solo una palabra.
-Quédate!

Y entonces, los terremotos cesaron, los volcanes se apagaron, la gente dejo de morir, de tener hambre o sed, el tiempo se había detenido, el universo entero había perdido todo ápice de tonalidad para cedernos un instante claro, preciso, eterno, hermoso, con todos los colores, los gustos, los sonidos y las sensaciones posibles. Eran sus labios, sus suaves y perfectos labios chocando contra los míos. Un beso, un gran beso, un jodido y brutalmente precioso beso. Y el primero de muchos.

-Déjame acompañarte en tu camino, prometo no molestar.