“Podíamos expresarnos libremente.

Sin ataduras, ni formalismos.

Nadie juzgaba a nadie.

De alguna manera todos cambiamos.

Aprendimos de los mayores, ellos nos enseñaban, nos animaban a seguir, nos aconsejaban…

Recuperamos la esperanza, las ganas de vivir y de luchar.

Teníamos entusiasmo.

Allí había luz.

Si, echo de menos la plaza.”